Por primera vez hablan la madre y la tía de la niña desaparecida en Mompox, luego de que dos sentencias judiciales las declararan inocentes. Fallas en la investigación, un supuesto 'falso positivo' y un padre que, once años después, sigue preguntando: “Karen, ¿a dónde no te he buscado?”.
Cristian Agámez Pájaro
El Universal
Sobre una banca de la plaza de Santa Bárbara, en el municipio de Mompox (Bolívar), Edilberto del Cristo Lambraño Canedo limpia lágrimas que apenas alcanzan a brotar. Traga en seco y continúa un relato que lleva más de diez años contando. Confiesa algo que atraviesa su corazón, lo desarma y lo expone: “Ya le he dejado todo a Dios”. Ahora parece resignado a que solo un milagro le entregue, por fin, respuestas. Incluso parece negarse a sí mismo el derecho a llorar. Dice que ya dejó de buscar y esa frase —pronunciada sin énfasis— lo destroza por dentro, aunque no lo demuestre. Al mismo tiempo confiesa que entregaría su alma si fuera necesario para volver a tener entre sus brazos a su pequeña Karen Dayana Lambraño Muleth.
La última y única vez que había visto en persona a Edilberto fue en 2017, tres años después de que la mayor de sus tres hijos desapareciera de las calles de Mompox, cuando hacía una recarga de teléfono celular en la tienda Vista Hermosa, cercana a la casa de su madre, en el barrio La Granja. El padre, ya entonces consumido por la desesperación, había viajado hasta Cartagena como parte de un periplo que incluía cada lugar donde podía existir una pista de Karen. Recorrió toda la Costa Caribe de Colombia, viajó a Bogotá y a Medellín, vendiendo café con la foto de su hija en la mano.
“Cuando mi hija desapareció, el 23 de diciembre de 2014, vendí lo poco que tenía y salí a buscarla pueblo por pueblo”, contaba. Ahora, al volver a encontrarlo, Edilberto es el mismo hombre y, al mismo tiempo, otro. Su herida no ha cicatrizado. Ya no corre detrás de rumores ni se aferra a versiones efímeras; ahora aguarda con la fe como esperanza, mirando pasar la vida de un pueblo que sigue su curso mientras la suya quedó suspendida el día en que Karen desapareció. “Yo sigo intentando trabajar para mis otros dos hijos”, explica, al tiempo relata que, últimamente, no había podido vender café —oficio al que se ha dedicado siempre— porque sus termos terminaron destrozados en un accidente de tránsito.
El sueño que mantiene viva la esperanza de encontrar a Karen
Karen, te encontré. Por fin, después de tanto buscarte, te encontré sentada frente al terminal de Sincelejo. Me viste, me abrazaste; yo te cargué, hija mía (...) Y ahí, en ese momento, desperté. Fue el día que cumpliste años, pero quedé contento y le di gracias a Dios por darme esa señal de que estás viva”.
Edilberto del Cristo Lambraño Canedo, padre de Karen Dayana, en el año 2017.
Este sueño del año 2017 ha tenido ecos interminables en Edilberto. Su subconsciente ha buscado a su hija incluso mientras duerme. A quien abraza en sus sueños es a una pequeña niña de siete años, pero en realidad, de encontrarla, estaría frente a una joven que precisamente, el 15 de marzo de 2026 debía celebrar sus 19 años. La incógnita sobre su paradero está arropada con el manto del misterio e hipótesis sin confirmar: que fue raptada, que fue vendida o que pudo ser víctima de trata de personas. Todas analizadas por las autoridades, pero también por Edilberto, quien ha librado sus propias pesquisas.
En diciembre de 2024 –cuando se cumplía una década de la desaparición– organizó una caminata, clamando la intervención de las autoridades de quienes, asegura, desde 2020 dejaron de comunicarse con él.
La búsqueda de Karen Dayana abarcó inicialmente Mompox, incluyendo sobrevuelos desde los que arrojaron volantes con su foto. También se ofrecieron millonarias recompensas. Luego, incluso, hubo capturas, un largo proceso judicial, dos sentencias y un expediente sin respuestas 11 años después.
El caso de Karen Dayana conmocionó a Colombia
Cuando Karen Desapareció, Colombia entera miró hacia Mompox. ¿Cómo es posible que una niña de siete años desaparezca en un pueblo donde todos se conocen? ¿Quién se la llevó? ¿Cómo fue?, los ojos del país se centraron en un rosario de interrogantes. En especial, porque en esas semanas desaparecieron otras dos menores en diferentes regiones del país.
Más temprano que tarde, el caso giró dramáticamente. Semanas después, en 2015, las autoridades capturaron a Sandra Marcela Muleth Mendoza y Glennys Carias Mendoza, madre y tía de la niña, respectivamente, a quienes acusaron de haberla desaparecido. Las detenciones estremecieron a la llamada ‘Tierra de Dios’. (Lea también: “Son 1.845 días sin saber de mi hija Karen Dayana”)
Ese sería el comienzo de un largo, complejo y contradictorio enfrentamiento en los estrados judiciales, donde las mujeres fueron presentadas por la Fiscalía General de la Nación como coautoras del delito de desaparición forzada agravada y de donde ha surgido manantial de preguntas que no ha dejado de fluir hasta hoy.
A Sandra la acusaron de desaparecer a la mayor de sus tres hijos porque, según la Fiscalía, le causaba problemas con su entonces pareja sentimental –la niña no se la llevaba bien con su padrastro– y de haber utilizado la ayuda de su hermana Glennys en este plan.
Sin embargo, el mismo transcurso del juicio iría revelando los vacíos de dicha acusación, así como supuestas fallas judiciales, presiones a testigos, retractaciones, contradicciones y la desarticulación de una teoría del caso del ente acusador, que se quedaría sin fundamentos y que decantaría en la declaratoria de inocencia de las acusadas.
Mientras Sandra permanecía en la cárcel, Glennys fue cobijada con casa por cárcel por encontrarse embarazada.
La búsqueda de Karen Dayana incluyó sobrevuelos desde los que se lanzaron volantes con su fotografía. También se ofrecieron recompesas. //Foto: Archivo.
El video de cinco segundos que se convirtió en la “prueba reina”
¿En qué se fundamentó la Fiscalía para inculpar a las dos mujeres? Principalmente, en dos ejes. El primero giraba en torno a un fragmento de video de apenas cinco segundos presentado como su “prueba reina”.
Según el ente acusador, en la grabación, suministrada por la dueña de una ferretería de Mompox, aparecían la menor con su tía Glennys después de las 9:30 a. m. del 23 de diciembre de 2014, tras la desaparición.
Sin embargo, expertos en antropología, fotografía y morfología forense coincidieron en que el material “no tenía la calidad suficiente” para realizar un cotejo morfológico que permitiera identificarlas a ellas como las personas que aparecían en las imágenes. “Ni siquiera era posible analizar un rostro”.
Aunque fue comparado con otro video de 27 segundos, tomado de seguimientos posteriores a la tía, el análisis no confirmó la identidad de la mujer captada en las imágenes que, entre otras cosas, “caminaba coja”, característica que no tenía Glennys.
En este punto, las declaraciones de Edilberto Lambraño darían un giro trascendental al caso y evidenciarían supuestas presiones de los investigadores para sostener la “prueba reina”. El hombre, que inicialmente –en una declaración al Gaula– había afirmado que la niña del video era su hija, se retractó en el juicio.
Ellos (el Gaula) me tuvieron tres días en una estación de Policía en Crespo porque el fiscal quería hablar conmigo. Ahí tres veces me mostraron el video y tres veces les dije que yo no veía a Karen ahí, porque esa niña era muy alta (...) Ellos insistieron que sí y finalmente yo les dije, bueno, sí, esa es mi hija y me pusieron a firmar un documento. Después me llevaron a Mompox para que rindiera declaraciones (...) Si fuera un video contundente lo hubieran pasado por los noticieros, pero la verdad es que ahí yo no veo a mi hija”, afirmó Edilberto.
¿Cómo desapareció Karen Dayana?
El segundo eje de la Fiscalía propuso una hipótesis –a través de testigos–: que Sandra se mostró despreocupada y tranquila durante las primeras horas posteriores a la pérdida de la niña.
El supuesto –y la línea de tiempo– planteado por los investigadores indicaba que Sandra habría enviado a la niña a hacer una recarga celular con su hermano menor para dejarla expuesta y permitir que su tía la recogiera. A pesar de eso, en el proceso se demostró que la recarga sí se realizó y que los niños regresaron a casa tras un primer intento fallido; luego volvieron a salir porque la madre insistió en completar el encargo.
La niña fue vista por última vez a media cuadra de su vivienda, tras separarse de su hermano, y no en el lugar del mandado, lo que debilitó la hipótesis de una “exposición deliberada”.
Lo cierto es que en ese momento (entre las 9:15 y 9:30 a. m.) Karen desapareció, tras decirle a su hermano: “Vete para la casa, yo me quedo aquí jugando”.
Para la Fiscalía el hecho de que, según los agentes que atendieron el caso, la madre se mostrara “indiferente” y “tranquila” en las horas posteriores, y que tardó hasta las 7:30 p. m. en denunciar la desaparición, era sinónimo de sospecha y fue motivo de la acusación.
No obstante, otros testigos declararon que, desde las 9:30 a. m., con lo que su defensa demostró que Sandra sí buscó a su hija por el barrio, llamó a familiares y vecinos, y acudió a la estación de Policía tras agotar la búsqueda por su cuenta. Además, en los días siguientes sufrió desmayos, un ataque de nervios y un bajón de azúcar, por lo que requirió atención hospitalaria.
Algo que también evidenció el juicio fue un retraso inicial de la Policía para activar un mecanismo de búsqueda urgente. El agente que recibió la denuncia admitió en el estrado que no activó de inmediato la búsqueda con la Sijín, pues creía que debía esperar 72 horas para reportar a una persona como desaparecida e inicialmente solo realizó verificaciones básicas en el vecindario, lo que mostró una posible falla institucional, tratándose de una niña de siete años.
Edilberto Lambraño en entrevista en 2017.
El fallo que absolvió a la madre y la tía de Karen Dayana
Por las versiones encontradas, la retractación sobre el video y porque se utilizaron testigos de referencia que no presenciaron directamente los hechos, entre otras consideraciones, la Fiscalía no pudo probar su teoría del caso. Ante ello, el Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de Cartagena, el 31 de mayo de 2023, emitió el sentido del fallo declarando inocentes a Sandra y a Glennys.
Más adelante, el 30 de agosto de 2024, el mismo juez leyó formalmente la sentencia absolutoria –no conocida públicamente hasta ahora– que reveló detalles inéditos del caso (algunos ya mencionados en este escrito), presuntas fallas judiciales y razones por las cuales la justicia las encontró libres de culpa.
“¿Está demostrado el delito y la responsabilidad de las procesadas conforme a las pruebas recepcionadas en el juicio oral? La respuesta a dichos interrogantes es que con relación al delito SÍ, pero NO con respecto a la responsabilidad de las procesadas”, se lee en el documento, al que tuvo acceso El Universal.
Esto significa que el hecho investigado (la desaparición) existía, pero no había pruebas suficientes para atribuirlo a las acusadas, “más allá de toda duda razonable”. (Lea también: Karen Dayana: más de tres mil días desaparecida)
La defensa cuestionó al Gaula y a la Fiscalía
Los cuestionamientos también surgieron desde la defensa de Sandra y Glennys, ejercida por la Defensoría del Pueblo que para este caso dispuso de testigos como un antropólogo forense y técnicos en criminalística, con los que se debatieron los argumentos de la Fiscalía.
El Gaula mintió dentro de la investigación y asaltó en su buena fe a quienes en ese momento quisieron rendir algún tipo de diligencia, no lo dice esta defensa, lo dicen los comparecientes (testigos) (...) Al señor (Edilberto) lo engañaron en su buena fe y que él nunca quiso decir que esa niña que estaba en el vídeo era la de él, ni que Glennys era la que estaba en el vídeo”, mencionó en sus alegatos la abogada de oficio de la Defensoría.
Según añadió, las autoridades “hicieron interceptaciones telefónicas, seguimiento pasivo de personas, se nombró una comisión, se llevaron a los expertos, se nombró morfólogo, se nombró psicólogo, se hicieron interrogatorios, testimonios”, con cero resultados.
Además –afirmó en los alegatos– que existía por parte de las autoridades “la premura para dar un golpe mediático, la premura para dar un golpe con toda bomba”, lo que “hizo que se frustrara lo que pudiera haber sido el hallazgo cercano de qué pasó con la niña”.
“Ninguno de los indicios que presentó la Fiscalía tenía la suficiente fuerza para mostrar ni fáctica, ni objetivamente que podía haberse dado la comisión de la conducta que imputó”, sostuvo.
Edilberto Lambraño enseña una foto de su hija en el municipio de Mompox, en 2025. //Foto: Archivo.
Madre y tía de Karen Dayana, absueltas en segunda instancia
¿Terminó el proceso con esta sentencia? La respuesta es no. La Fiscalía apeló la decisión y en un segundo fallo –que hasta ahora se conoce públicamente– la Sala Penal del Tribunal Superior de Cartagena, el 7 de marzo de 2025, confirmó la sentencia absolutoria, ratificando la inocencia de la madre y la tía de Karen.
En uno de los apartados, el Tribunal descartó que Edilberto hubiera cambiado su versión para encubrir a alguien tras retractarse sobre el video presentado por la Fiscalía. Se demostró que “como padre de la víctima, siempre trató de dar con el paradero de su hija”, se lee en el fallo.
Y, más allá de eso, la decisión evidenció posibles vacíos en la investigación. Uno de ellos gira en torno a ‘el Indio’, un hombre mencionado inicialmente por el hermano menor de Karen, quien dijo que alguien con ese apodo se la había llevado. Según el Tribunal, las autoridades no agotaron actos investigativos para verificar si en Mompox existía una persona conocida con ese remoquete ni para establecer su identidad.
El mismo Edilberto cuestionó que esa línea nunca se investigara con profundidad, pese a que el niño incluso gritaba en sueños que buscaran a Karen en el patio de una vecina cercana que fue pareja de ‘el Indio’.
Esa vecina, que ocasionalmente cuidaba a Karen y a sus dos hermanos —por lo que decía guardarles afecto—, declaró en el juicio como testigo de la Fiscalía. Durante su testimonio aseguró haber reconocido a la niña en el video por la forma en que se agarraba el cabello, un gesto que, sin embargo, no se aprecia en las imágenes. Además, sus declaraciones presentaron otros cuestionamientos en el proceso.
A Edilberto, su actitud siempre le generó sospechas.
No me brindaba confianza. Una vez, en un paseo en una finca, hizo que los niños se escondieran debajo de una cama durante dos horas, mientras Sandra los buscaba por arriba y por abajo”, recordó.
A Karen Dayana se la habría llevado alguien de su confianza
La sentencia también puso en duda otros elementos de la teoría de la Fiscalía. Por ejemplo unas interceptaciones telefónicas —doce CD con grabaciones— que resultaron de escaso valor probatorio: el audio que un investigador dijo haber considerado relevante era en gran parte ininteligible, salvo una frase aislada (“ya eso está arreglado”), mientras que el resto consistía en fragmentos o expresiones entrecortadas.
De otro lado, el nuevo fallo también dejó entrever demoras en la búsqueda inicial. Durante los primeros doce días, las actuaciones de las autoridades se limitaron principalmente a labores de vecindario, sin que se acreditara el uso de técnicas investigativas más amplias orientadas a establecer el paradero de la niña.
Tampoco –se refiere en la sentencia– se contempló inicialmente ampliar la búsqueda a municipios cercanos. De otra parte, el documento menciona que no se hallaron indicios de violencia ni rastros de una sustracción forzada, ni tampoco evidencia de que Karen hubiese sufrido un accidente en el sector, lo que llevó a considerar que quien la sacó del barrio pudo haberlo hecho aprovechando una relación de confianza previa con la menor.
En general, el Tribunal concluyó que la Fiscalía no logró acreditar probatoriamente una teoría del caso sólida, coherente y capaz de demostrar, más allá de toda duda razonable, la responsabilidad de las acusadas en la desaparición, con lo que se ratificó la inocencia de Sandra y Glennys. Esta decisión no fue apelada.
En Bolívar se realizaron manifestaciones para pedir por el regreso de Karen. //Foto: Archivo.
“La desaparición de Karen nos traumatizó a todos”
Aunque durante años no habló públicamente, Sandra rompió el silencio tras conocerse las sentencias que la declararon inocente.
El que nada debe nada teme. Siempre creí en que yo era inocente. Cuando salió la sentencia lloré, pero no sé si de la desesperación o de la tristeza. Yo todavía no he podido superar la pérdida de mi hija, porque tengo la esperanza de que la voy a volver a ver”, dijo Sandra a El Universal.
Sandra, quien permaneció más de cuatro años tras las rejas (y en su momento salió en libertad por vencimiento de términos), aseguró que espera que su hija se encuentra bien donde quiera que esté.
Su hermana, Glennys Carias, coincidió en esa percepción. Desde Mompox sostiene que lo ocurrido con ellas, se habría tratado un “falso positivo judicial”, motivado por la presión de encontrar responsables rápidamente.
“Para mí fue terrible. Siendo inocente, eso nos traumatizó a todos como familia. A un hijo mío me lo quitó el bienestar y yo perdí mi hogar. La niña no ha aparecido y todo lo que pasó con nosotras fue muy injusto. A mí una vez uno de los investigadores me llamó para que fuera a retirar un dinero en el banco, pero eso me pareció extraño y al que era mi pareja lo llamaron para que se acercara a una finca, pero él no fue”, aseguró.
A más de una década del suceso, las dos mujeres sostienen la misma versión que defendieron durante el juicio: que nunca tuvieron relación con la desaparición de la niña y que, como el resto de la familia, lo único que quieren es saber qué ocurrió realmente.
“Dios sabe que mi hermana y yo somos inocentes”, dice Glennys. “Lo único que queremos es saber qué pasó con mi sobrina”. (Lea también: Más de diez años buscando a su hija: la historia de Edilberto y Karen Dayana)
El fiscal renunció pero la investigación continúa abierta
Con la absolución confirmada, el cronómetro de la investigación regresó a cero. La Fiscalía señaló a El Universal que no ha cesado sus “esfuerzos institucionales orientados a conocer a profundidad lo ocurrido”
La entidad informó que, aunque el fiscal que llevaba el caso renunció por motivos personales en enero de 2026, “se han dispuesto mecanismos para garantizar la continuidad del análisis y actualmente se realizan mesas de trabajo para fortalecer estrategias investigativas que permitan avanzar en la identificación de responsables y en la ubicación de la menor”.
El caso de Karen, sin embargo, se inscribe en una problemática más amplia en el país. Algunos reportes, basados en cifras de Datos Abiertos, indican que entre 2015 y 2025, cerca de 25 mil menores de edad han sido reportados como desaparecidos en el país. De ellos, alrededor del 56 % regresó con vida, cerca del 1 % fue hallado sin vida y casi el 43 % —más de 10 mil casos— continúa sin resolverse.Las autoridades advierten que muchas de estas desapariciones ocurren en contextos de pobreza, violencia o trata de personas, lo que dificulta su investigación y localización.
Aunque no se conocía el paradero de Karen Dayana, en Mompox adornaron sus calles en 2014 preparándose para su regreso. //Foto: Archivo.
Edilberto, sentado frente a la iglesia de Mompox, dice que todavía sueña con el día en que pueda volver a abrazar a su hija. Dice que dejó de buscar. Pero no es verdad del todo. Nadie que haya perdido así deja de buscar por completo. Solo cambia la forma. Ahora la busca en los recuerdos. En las caras de otras jóvenes que podrían tener su edad.
No pide castigos ni indemnizaciones. Pide pruebas. Pide explicaciones. Pide que alguien le diga, con honestidad, qué ocurrió con Karen, aquella niña que recuerda como inteligente y aplicada. Mientras tanto, vive con la sensación de que el resto del mundo olvidó a su hija –que hoy ya sería una joven- y pasa los días entre preguntas sin respuestas. A veces se repite así mismo, como si pudiera atravesar el tiempo: "Karen: ¿a dónde no te he buscado?”.